ANTECEDENTES

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Los peces son un vínculo en la Amazonía. La migración de los bagres conectan el estuario brasileño con las cabeceras andinas, los peces de tallas medianas que nadan en los bosques cuando se inundan en la estación lluviosa, la importancia del pescado en la alimentación y como medio de ingreso convierten al los peces en un elemento vertebrador que vincula a la gente con los ríos. Todo esto convierte a los peces en indicadores determinantes de la conectividad ribereña y salud ambiental, al mismo tiempo resalta la importancia de los peces para la sobrevivencia de la población Amazónica y su cultura.

Sin embargo, la información que necesitamos sobre peces para manejarlos sosteniblemente sigue siendo difícil de encontrar – un manejo  apropiado e integrado de las cuencas requiere la comunicación y colección de datos en grandes áreas remotas, además de un análisis participativo de múltiples actores, desde las comunidades locales hasta los escritores de políticas globales.

Considerando los grandes retos ambientales que plantean el desarrollo de infraestructura y la sobrepesca en la región, la escala de las amenazas es abrumante y el escenario si tenemos en cuenta que no hay modelos ecológicos confiables y que las instituciones gubernamentales no tienen los recursos para proveer un monitoreo apropiado. A pesar de esto, la ciencia ciudadana puede llenar esta brecha de información y al mismo tiempo empoderar la gente de la región.

Diariamente, millones de personas en la Amazonia realizan observaciones potencialmente valiosas para la ciencia: desde los peces, frutas y carne de monte de los mercados, hasta las aves migratorias que aparecen en sus huertos. Así coordinando a los ciudadanos, podemos generar datos que representan a toda la cuenca y crear espacios en donde los individuos y grupos de ciudadanos pueden contribuir a la ciencia y la conservación de la Amazonía, permitiendo que se tomen las decisiones correctas con la información de la realidad del campo.